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Seamos inclusivos

Seamos inclusivos

Por: WILMA PASTRANA JIMÉNEZ | PRIMERA DAMA DE PUERTO RICO

Hace pocos días recibí la invitación de un colegio en la zona metropolitana para compartir un momento de lectura con sus estudiantes. En el enorme espacio rodeado por estantes de libros y coloridos dibujos imperaba un ambiente de paz y armonía. Allí, aguardaba un grupo de estudiantes de nivel elemental a quienes les leí el libro “Otis”, una hermosa historia que resalta las bondades de la amistad y el respeto.

Para mi sorpresa, una vez concluí la lectura, los estudiantes me obsequiaron varias semillas de frutas y vegetales para compartirlas con estudiantes de otros pueblos en mis visitas a las escuelas para presentar los “Proyectos de vida”. El gesto de estos estudiantes con sus pares me conmovió y, hoy día, otros niños comienzan a esparcir la semilla del amor y la amistad.

De eso se trata la inclusión en nuestro país. El respeto, la equidad, la sensibilidad y la empatía son palabras que nunca han sido ajenas a nuestro vocablo distintivo y no existe razón para que desaparezcan de nuestro presente y nuestro futuro. Somos inclusivos cuando permitimos que nuestras personas con necesidades especiales se integren al resto de la población sin necesidad de resaltar alguna “diferencia”. Somos inclusivos cuando el origen nacional y la orientación sexual de una persona dejan de ser un tema de conversación a la hora de describirla. 

Es precisamente lo que muchos llaman “diferencia” o “discapacidad”, aquello que enriquece a ese ser humano y lo hace único, verdadero, capaz. Somos inclusivos cuando a pesar de la crítica y del “qué dirán” tomamos acción. Somos inclusivos cuando dejamos a un lado el “ay bendito” y nos movemos en un frente común para rescatar nuestras comunidades.

Somos inclusivos cuando aprendemos a adoptar las necesidades de nuestros hermanos ciegos y las hacemos nuestras, en lugar de etiquetarlos, y dejamos de resaltar sus capacidades y talentos. Somos inclusivos cuando compartimos el hermoso lenguaje de nuestras manos con las personas sordas, cuando abrazamos a los inmigrantes que hacen de Puerto Rico su casa y cuando procuramos el acceso a mejores servicios y le ofrecemos un trato digno a toda persona. Cuando el color de la piel nos acerca a nuestra rica diversidad de costumbres y tradiciones, somos inclusivos.

Gracias a ese resurgir, al despertar en nuestros niños y en una nueva generación de profesionales, poco a poco nos vamos hermanando a otros países que han adoptado la inclusión como una forma de vida, en lugar de separar y segregar a sus ciudadanos por alguna “diferencia”.

No existe tal “impedimento” o “discapacidad”. Por muchos años le hemos puesto demasiadas barreras a nuestros hermanos con “peros”, con miedos, quejas y prejuicios. Son esos obstáculos los que nos hacen ser una sociedad impedida para progresar, para ser distintos, extraordinarios y únicos, a pesar de nuestros talentos y múltiples bondades. No hay tiempo para detenerse ni para dividir. 

Todos queremos que nos escuchen, pero muchos no quieren escuchar. Queremos que nos den, pero muchos no saben dar sin esperar a cambio. Queremos que nos resuelvan, pero no comenzamos a buscar la solución por nuestra propia voluntad. Queremos que nos quieran, pero muchos se burlan de sus hermanos.

Es momento de aglutinar el diálogo a nuestro favor. El contexto histórico de nuestros tiempos exige que cambiemos la forma de construir al país. Las manos de todos son necesarias para hacer y ser hermanos de verdad, sin “peros”, sin miedos, sin quejas ni prejuicios.

Es hora de abolir la exclusión. Es momento de instituir la inclusión. Nadie piensa que hizo menos a Beethoven su sordera, ni al maestro Casals su migración forzada, ni a García Lorca su orientación sexual, ni a Einstein su déficit de atención. Esa abolición no se dará con luchas armadas, sino en el espíritu de cada puertorriqueño.

El gesto tan especial y unificador de los estudiantes en aquella escuela me hace pensar que hay hambre y sed por alcanzar ese nivel de inclusión en nuestra isla. Son esos acercamientos los que nos llevan a la igualdad y el respeto entre los seres humanos. Seamos inclusivos como estos niños. Así, se logra un mejor país.

 

 

Columna publicada el 20 de octubre de 2013 en el periódico El Nuevo Día.



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