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Sarah Franceschini: "El éxito no tiene límites"

Sarah Franceschini: "El éxito no tiene límites"

18 de septiembre de 2015 - Ponce - Desde las cercanías al plantel se respira algo diferente. Hay color en todas partes, hermosos dibujos y elaboradas pinturas adornan cada pared de la estructura. Las flores y el orden impecable tampoco faltan en la Escuela Angela Cordero Bernard de la Ciudad Señorial.

Desde el más grande hasta el más pequeño de los alumnos recibe a la visita con un "buenos días", una sonrisa o un "bienvenido a mi escuela". El sentido de pertenencia es tal, que al más mínimo ruido o movimiento extraño los miembros de la patrulla escolar salen al rescate y a mantener el orden en su entorno.

Así ha transcurrido el tiempo en esta escuela por los pados 40 años. Entre múltiples reconocimientos y galardones por la excelencia académica, distinciones de escuela modelo y verdadero ejemplo a seguir.

No es de extrañar que todo el que entra y sale de allí tiene algo ver con Sarah Franceschini, o la Sra. Franceschini, como le llaman sus pupilos. Se trata de una mujer entregada en cuerpo y alma a lo que ha sido su vocación y pasión en la enseñanza, precisamente por los 40 años que lleva dirigiendo el plantel.

"He sido la única directora de esta escuela y cuando la empecé fue en unas casas alquiladas a la Corporación de Renovación Urbana y Vivienda. Desde que me di la tarea de dirigirla me propuse que esta escuela iba a ser una de las mejores y así ha sido", narró orgullosa.

La líder contó, además, que la clave del éxito desde el inicio de aquel sueño que le cambiaría la vida a miles de estudiantes que han pasado por sus manos, ha sido mantener a toda una comunidad incolucrada en el proceso educativo de cada niño y niña. De hecho, una de las primeras frases que salta a la vista al llegar al plantel lee: "Critique, la excelencia no tiene límites".

"Si yo me hubiese dejado llevar por las limitaciones que tenía la escuelita que empecé a trabajar, donde sala, comedor y cocina era un salón, mi oficina era un salón y el comedor escolar era otro salón que no teníamos patio; pues, a lo mejor no hubieramos llegado tan lejos", afirmó Franceschini al tiempo que explicó cómo aprovecha cada oportunidad disponible a través de la Autoridad para el Financiamiento de la Infraestructura o la Autoridad de Edificios Públicos para realizar mejoras estructurales y de mantenimiento físico para bucar un mejor entorno.

Añadió que "no hay excusas para no alcanzar lo que uno se proponga o lo que verdaderamente necesitan los estudiantes. Tampoco puedes sentarte a esperar que te lo den todo porque esa no es la realidad. Aquí buscamos por todas partes y hacemos propuestas para cada mejora, cada nuevo proyecto y para conseguir que nuestros estudiantes tengan lo mejor, pero hay que moverse porque sentado o criticando todo el tiempo uno no logra nada".

¿Qué otras cosas son las que han distinguido a esta escuela durante todos estos años?

"El premio más importante que ha tenido esta escuela es el 'Blue Ribbon'. Este premio se le otorga a las mejores escuelas entre Estados Unidos y tuve el placer de poder recibir el premio en una ceremonia que dirigió el presidente Ronald Reagan. Otro premio bien importante fue el 'Presidential Award' en Ciencias, que obtuvo una maestra de la escuela y tuve el placer de acompañarla a recibirlo en Washington de manos del presidente George Bush. También recibimos el premio de escuela distinguida de Título 1. Ese premio lo entregaron en San Diego California cuando era el presidente Bill Clinton. Aquí hemos recibido el Premio Gobernador a la Excelencia Académica, el título de escuela ejemplar y modelo, premios de la Junta de Calidad Ambiental, la Asociación de Industriales de Puerto Rico y múltiples competencias en el área académica y en deportes ni se diga. Aquí hay placas, medallas y trofeos en cada esquina".

Son muchos y muchas las que han salido de aquí. ¿Cómo recuerda a sus entudiantes durante este largo trayecto?

"Con mucha emoción. De aquí han salido grandes profesionales y hay mucho talento para seguir explotando, pero te diría que no hay un sólo estudiante que salga de aquí que no se haya destacado en algo o que haya alcanzado grandes sueños. Sé de algunos que son abogados, otros son doctores, hay maestros también y de todo. En una ocasión estaba caminando por Nueva York y me encontré a unos estudiantes que se acordaron de mí y me gritaron ¡Misi Franceschini! (sonríe). Eso me llena de mucho orgullo y satisfacción. Es algo que te hace sentir feliz porque sabes que pudiste aportar algo para que ese niño o niña, sea hoy un hombre o una mujer de bien".

Hay muchos mensajes y frases inscritas en cada rincón de esta escuela. ¿De dónde surge, por ejemplo, aquella que habla sobre la crítica y la excelencia?

"Esa es una frase mía, porque la excelencia no tiene límites. El límite es el cielo y uno siempre tiene que estar mejorando. Las críticas siempre se aceptan porque podemos mejorar. Algunas son positivas, otras no son tan positivas pero todas tienen apertura. Siempre hay gente que critica, nadie está satisfecho siempre. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de que el proceso de educación no se interrumpa y eso va por encima de cualquier cosa. Esa es nuestra obligación".

Ese fervor y respeto a la vocación de la enseñanza quedaron reflejados también cuando Franceschini recibió el máximo galardón que se le entrega a un servidor público en el país. El premio Manuel A. Pérez.

El cariño, admiración y respeto de sus alumnos y miembros de la facultad quedaron evidenciados durante un largo recorrido por cada espacio del plantel. El comedor, que más que un comedor parece un restaurante, cuenta con un salón de actividades y reuniones para maestros y organizaciones educativas que participan en la escuela. Un amplio taller de arte donde se fomenta la creación de vistosas pinturas y esculturas que le adornan, salones de terapia, deporte adaptado, una inmensa cancha con sus salones de educación física, un amplio jardín y más recientemente su nuevo huerto escolar inaugurado bajo el proyecto 'Siembra Vida'.

"Todos esos logros y muchos otros fueron obtenidos por la visión de un equipo de trabajo comprometido y una comunidad unida llena de padres y madres que más allá de venir a dejar y buscar a sus hijos e hijas están siempre pendiente, vienen y hablan con los maestros, a todos se les da la oportunidad de entrar de vez en cuando y darle la vuelta a los estudiantes. Esa es la gran diferencia", sostuvo la energica directora escolar.

Para Sara no hay fin. Dijo que la enseñanza de sus estudiantes nunca termina y mientras sigan existiendo oportunidades las va a buscar donde sea por el bien de sus "pollitos", como llamó a su estudiantado.

"No me rindo. Mientras tenga unas metas que alcanzar voy a seguir y todavía las tengo porque siempre hay que aspirar a ser mejor y mejor y mejor", puntualizó.

 

*Novena entrega de la serie 'Historias de Vida'. Lee también: 

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